«¡Ni siquiera sabes leer!» —se rió el juez en la sala del tribunal… hasta que el conserje se puso de pie y lo puso en su lugar.

«¡Ni siquiera sabes leer!» —se rió el juez en la sala del tribunal… hasta que el conserje se puso de pie y lo puso en su lugar.

Parte 1

—¿Sabe leer una escritura, señora Robles, o necesita que se la expliquen como las instrucciones del cloro?

La pregunta del juez arrancó risas entre los abogados del empresario. Adriana sintió que el cuello del uniforme le apretaba, pero no bajó la mirada. Detrás de ella, una viuda sostenía una bolsa con las llaves de la casa que estaban a punto de