PARTE 1
—¡Que se quede en el hospital! ¡Yo no voy a dejar mi trabajo para limpiarle los pañales a una anciana! —gritó mi tía Leticia cuando le pregunté quién recogería a mi abuela.
Lo peor fue que estaba hablando de su propia madre.
Aquella mañana, a las siete y media, recibí una llamada del Hospital Civil de Guadalajara.
—¿Hablo con Marina Hernández? Su abuelita, doña Amalia Herrera, será dada de alta hoy a las once. Necesitamos saber quién vendrá por ella.
Me quedé inmóvil.
Llevaba casi cuatro años sin