PART 2:
El zumbido constante de los motores del avión vibraba contra la ventanilla templada.
Apoyé la yema de los dedos sobre el doble cristal, sintiendo la vibración sorda filtrarse directamente hasta mis huesos.
Debajo, el manto de nubes se extendía como una costra de sal inmaculada, ocultando la ciudad que había devorado mis últimos siete años.
Sobre la mesita plegable descansaba la tarjeta SIM que acababa de quebrar en dos fragmentos idénticos.
El plástico dorado de los conectores quedó partido en un ángulo limpio y afilado.
Ninguna llamada más