El sexto plato
Mi padre tenía 81 años cuando me llamó un jueves para pedirme que fuera a almorzar a su casa. Desde la muerte de mi madre, ocho meses atrás, rechazaba invitaciones y inventaba excusas para no salir. Oírlo hacer planes me alivió.
El domingo llegué antes que los demás. La mesa estaba cubierta con el mantel bordado que mi madre reservaba para los cumpleaños. Había seis platos, las copas buenas y una fuente de ensalada. Conté los lugares: mi padre, yo, mi esposo Julián y mis hermanos Andrés