Quince minutos antes de salir hacia el aeropuerto, mi hija de 6 años se aferró a mi cuello y me susurró: «Cuando te vas de viaje, mamá echa unas gotas en mi zumo y luego me graba».
Miré hacia la cocina. Marta estaba allí, sonriendo, todavía con el vaso en la mano. Fingí que me marchaba, cancelé el vuelo y volví a por ella. Pero la copia de seguridad de una cámara reveló que el verdadero objetivo no era solo mi hija.
PARTE 1
Faltaban quince minutos para que