después de una compleja reorganización de un fideicomiso familiar, había quedado vinculada a una sociedad en la que la mayoría de las participaciones pertenecían a Lily. Marcus debía administrar esos bienes hasta que ella alcanzara la mayoría de edad. La propiedad frente al mar estaba valorada en más de seis millones de dólares.
—¿Qué dicen de la casa?
—Julian dijo que les faltaban dos vídeos buenos.
—¿Buenos?
Lily frunció el ceño.
—Buenos para ellos. Malos para mí.
Marcus sintió cómo todas las piezas comenzaban a encajar con una precisión aterradora.