Parte 1
Desperté a las 6:17 de la mañana en un hotel de Phuket, Tailandia, y lo primero que noté fue el silencio.
La cama de al lado estaba vacía.
La maleta de mi esposo había desaparecido.
También las cosas de mi suegra.
Me incorporé de golpe.
—¿Rodrigo?
Nadie respondió.
Fui al cuarto contiguo donde dormía mi hija Sofía, de 4 años.
La cama estaba tendida.
Vacía.
Sentí que el corazón me golpeaba contra las costillas.
Corrí hacia la mesa de noche para tomar mi teléfono.
No estaba.
Abrí