Me desperté en nuestro hotel de Tailandia y descubrí que mi esposo y mi suegra se habían llevado a mi hija. También se llevaron mi teléfono y mi pasaporte y cancelaron mi vuelo de regreso. Sobre la mesa, mi esposo dejó una nota: —Arréglatelas tú sola.

servidor —añadió Fernanda.

El rostro de Rodrigo cambió.

—¿Qué registros?

—Los que muestran tu descarga del convenio de socios, los certificados accionarios y el poder vencido.

Rodrigo miró alrededor.

Entonces sacó su teléfono.

—Voy a llamar a mi abogado.

—Hazlo —dije.

Marcó.

No respondió nadie.

Volvió a marcar.

Mientras esperaba, preguntó:

—¿Dónde está Sofía?

Esa pregunta me atravesó.

—Eso debería preguntártelo yo.

Por primera vez levanté la voz.

—Te llevaste a nuestra hija de un hotel mientras yo dormía.

—Es mi hija también.
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—Sí. Y por eso jamás imaginé