servidor —añadió Fernanda.
El rostro de Rodrigo cambió.
—¿Qué registros?
—Los que muestran tu descarga del convenio de socios, los certificados accionarios y el poder vencido.
Rodrigo miró alrededor.
Entonces sacó su teléfono.
—Voy a llamar a mi abogado.
—Hazlo —dije.
Marcó.
No respondió nadie.
Volvió a marcar.
Mientras esperaba, preguntó:
—¿Dónde está Sofía?
Esa pregunta me atravesó.
—Eso debería preguntártelo yo.
Por primera vez levanté la voz.
—Te llevaste a nuestra hija de un hotel mientras yo dormía.
—Es mi hija también.
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—Sí. Y por eso jamás imaginé