Luego la confirmación de la aerolínea.
Finalmente, los accesos al servidor.
Cada minuto tenía hora.
Cada movimiento dejaba una huella.
Rodrigo dejó de hablar.
—¿Dónde está mi hija? —pregunté otra vez.
Su mandíbula se tensó.
—Con mi mamá.
—¿Dónde?
—En casa.
Mi abogada, Patricia Cárdenas, entró en la sala.
—Ya no.
Rodrigo la miró.
—¿Qué significa eso?
Patricia puso una carpeta frente a él.
Mientras él estaba intentando tomar el control de la empresa, nosotros habíamos presentado una solicitud urgente ante un juez familiar explicando las circunstancias del viaje, la