Me desperté en nuestro hotel de Tailandia y descubrí que mi esposo y mi suegra se habían llevado a mi hija. También se llevaron mi teléfono y mi pasaporte y cancelaron mi vuelo de regreso. Sobre la mesa, mi esposo dejó una nota: —Arréglatelas tú sola.

Su cara quedó completamente blanca.

—Tú…

Saqué su nota.

La dejé frente a ella.

—Sí. Yo.

Beatriz miró a Rodrigo.

—Me dijiste que seguía allá.

—Eso creía.

La observé durante varios segundos.

—Querías saber quién vendría por mí.

No necesitaba señalar a nadie.

No había 6 policías alineados.

No había una escena de película.

Había algo peor para ellos.

Una abogada.

Un equipo forense digital.

Una directora financiera que había protegido los servidores.

Las cámaras del hotel.
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La aerolínea.

La policía tailandesa.

Los registros corporativos.

Y yo.

—Nadie vino