pasaporte —respondí.
En ese momento las puertas volvieron a abrirse.
Entraron 2 agentes acompañados por un representante legal.
Rodrigo miró a Patricia.
—¿Qué hiciste?
—Lo que tú esperabas que Valeria no pudiera hacer desde Tailandia —contestó—. Presentar denuncias.
El intento de falsificación de documentos corporativos, el acceso irregular a sistemas y el uso de mi teléfono habían creado problemas que ya no pertenecían únicamente a nuestro matrimonio.
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Beatriz llegó 40 minutos después.
No porque alguien la obligara.
Rodrigo la llamó.
Entró furiosa.
—¿Dónde está Sofía?
Me vio.
Se detuvo.