que demostrar que mandas.
Pensé que terminaríamos durmiendo enojados.
Nunca imaginé que 36 horas después se llevarían a mi hija.
Bajé descalza a recepción.
—Mi esposo salió con una niña y una mujer mayor. ¿A qué hora?
La recepcionista consultó la computadora.
—A las 4:48, señora Navarro.
—¿A dónde fueron?
—Solicitaron transporte al aeropuerto.
Sentí que el piso se inclinaba.
—Necesito llamar a la aerolínea.
Ella me permitió usar el teléfono del mostrador.
Después de varios minutos, una empleada confirmó lo que faltaba.
Rodrigo, Beatriz y Sofía habían abordado