me hizo una pregunta.
—¿Hay un menor involucrado?
Miré las 2 notas arrugadas en mi mano.
—Mi esposo se llevó a nuestra hija y robó mi pasaporte.
Escuché varias teclas.
—¿Su esposo tiene acceso a información financiera de su empresa?
Sentí frío.
—Sí.
—¿Y a su teléfono?
—Sí.
Otra pausa.
Esta vez más larga.
—Entonces tenemos 2 emergencias, señora Navarro.
—¿Cuáles?
—Recuperarla a usted.
Escuché otro teclado al fondo.
—Y averiguar qué está intentando hacer su esposo mientras cree que usted sigue atrapada en Tailandia.
Parte 2: Se llamaba Esteban