Me desperté en nuestro hotel de Tailandia y descubrí que mi esposo y mi suegra se habían llevado a mi hija. También se llevaron mi teléfono y mi pasaporte y cancelaron mi vuelo de regreso. Sobre la mesa, mi esposo dejó una nota: —Arréglatelas tú sola.

Salgado.

Había sido director regional de seguridad en la firma donde trabajé antes de fundar mi empresa.

—No intentes entrar a tus cuentas —me ordenó—. Si Rodrigo tiene tu teléfono, quiero que crea que todavía controla tus accesos.

—Tiene a Sofía.

—Lo sé. Estamos documentando todo.

En menos de 40 minutos, el hotel había preservado las grabaciones de seguridad.

En una cámara del pasillo aparecía Rodrigo entrando a nuestra habitación a las 4:31.

En otra se le veía salir con mi bolso.

Las cámaras de recepción mostraban a Beatriz