Mi esposo me eliminó de la lista de invitados de la gala de su empresa y dijo: “Eres demasiado sencilla para estar con gente importante”. No discutí; guardé el mensaje y revisé los documentos de una inversión de 420 millones de pesos. Esa noche llegó acompañado de otra mujer, sin imaginar que la verdadera dueña del grupo que sostenía su imperio estaba a punto de entrar.

Las puertas del salón se abrieron mientras Julián todavía sonreía frente a una fila de fotógrafos.

Vi el momento exacto en que me reconoció.

Primero frunció el ceño.

Después miró al coordinador de seguridad que caminaba a mi lado.

Finalmente vio a Verónica Robles, 3 consejeros y al representante del fideicomiso acercándose para recibirme.

La sonrisa se le borró.

Isabella me observó de arriba abajo.

—¿Ella qué hace aquí? —susurró.

Julián se adelantó.

—Elena, te dije que…

Verónica lo interrumpió.

—Buenas noches, presidenta.

Julián se quedó inmóvil.

No hubo aplausos