ni música dramática. Solo un silencio incómodo de gente que acababa de comprender algo antes que él.
—¿Presidenta de qué? —preguntó.
Lo miré.
—De Lumbre Capital.
Su cara perdió color.
—Eso no tiene sentido.
—Tiene bastante.
—Lumbre pertenece a inversionistas institucionales.
—Lumbre tiene varios inversionistas. Yo soy su fundadora y presido el comité que controla nuestra participación en tu empresa.
Él soltó una risa nerviosa.
—No. Yo negocié esa inversión.
—Negociaste con Roberto Sáenz, nuestro director de inversiones. Firmaste el convenio sin pedir una sola reunión con la beneficiaria controladora.
—