Mi esposo me eliminó de la lista de invitados de la gala de su empresa y dijo: “Eres demasiado sencilla para estar con gente importante”. No discutí; guardé el mensaje y revisé los documentos de una inversión de 420 millones de pesos. Esa noche llegó acompañado de otra mujer, sin imaginar que la verdadera dueña del grupo que sostenía su imperio estaba a punto de entrar.

ni música dramática. Solo un silencio incómodo de gente que acababa de comprender algo antes que él.

—¿Presidenta de qué? —preguntó.

Lo miré.

—De Lumbre Capital.

Su cara perdió color.

—Eso no tiene sentido.

—Tiene bastante.

—Lumbre pertenece a inversionistas institucionales.

—Lumbre tiene varios inversionistas. Yo soy su fundadora y presido el comité que controla nuestra participación en tu empresa.

Él soltó una risa nerviosa.

—No. Yo negocié esa inversión.

—Negociaste con Roberto Sáenz, nuestro director de inversiones. Firmaste el convenio sin pedir una sola reunión con la beneficiaria controladora.

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