Mi esposo me eliminó de la lista de invitados de la gala de su empresa y dijo: “Eres demasiado sencilla para estar con gente importante”. No discutí; guardé el mensaje y revisé los documentos de una inversión de 420 millones de pesos. Esa noche llegó acompañado de otra mujer, sin imaginar que la verdadera dueña del grupo que sostenía su imperio estaba a punto de entrar.

Mauricio aceptó porque cobraba comisión.

La supuesta resolución del consejo apareció cuando Andrés Molina se negó a liberar una factura sin respaldo.

—¿Y Blue Harbor? —pregunté.

—Esa empresa me la dio Isabella.

—¿Julián sabía que el dinero terminaría pagando su departamento?

Mauricio cerró los ojos.

—Sí.

Su abogado intervino.

—Mi cliente está dispuesto a entregar documentación y colaborar formalmente, pero cualquier declaración adicional deberá hacerse dentro del procedimiento correspondiente.

Eso era suficiente por ahora.

Entregó copias de mensajes de WhatsApp con Julián.

No eran confesiones cinematográficas.

Eran peores por lo