Mi esposo me eliminó de la lista de invitados de la gala de su empresa y dijo: “Eres demasiado sencilla para estar con gente importante”. No discutí; guardé el mensaje y revisé los documentos de una inversión de 420 millones de pesos. Esa noche llegó acompañado de otra mujer, sin imaginar que la verdadera dueña del grupo que sostenía su imperio estaba a punto de entrar.

Ni siquiera intentó mentir.

—¿Por qué?

Suspiró como si yo fuera la que lo estaba incomodando.

—Porque esta noche no es una cena familiar. Van inversionistas, funcionarios, directores de bancos. Necesito moverme con gente que entienda ese mundo.

Miré mis tenis manchados de tierra.

—¿Y yo no lo entiendo?

—No empieces.

—Solo te hice una pregunta.

Entonces dijo la frase que terminó de romper algo que llevaba años agrietándose.

—Eres demasiado sencilla, Elena. No sabes vender una imagen. Y hoy necesito que todo se vea perfecto.

Sentí una calma extraña.

—¿