una empresa de tu primo, presentaste como válida una resolución que incluía mi firma falsa y permitiste que millones terminaran beneficiando a la mujer con la que apareciste en la gala.
Julián miró a su abogado.
—El departamento era una inversión.
—¿De quién?
No contestó.
—¿De la empresa?
Silencio.
—¿Hay acuerdo del consejo?
Nada.
—¿Contrato que justifique que una consultora pague un inmueble para Isabella?
Golpeó la mesa con la palma.
—¡Yo estaba cerrando alianzas!
—No. Estabas acostumbrado a que nadie te cuestionara.
—Todo lo hice para hacer crecer esta