Mi esposo me eliminó de la lista de invitados de la gala de su empresa y dijo: “Eres demasiado sencilla para estar con gente importante”. No discutí; guardé el mensaje y revisé los documentos de una inversión de 420 millones de pesos. Esa noche llegó acompañado de otra mujer, sin imaginar que la verdadera dueña del grupo que sostenía su imperio estaba a punto de entrar.

También se ordenó terminar los contratos con Nortea, iniciar acciones para recuperar recursos injustificados y entregar el expediente a los abogados para determinar responsabilidades.

Yo no lo despedí sola.

Pero voté a favor.

Cuando la reunión terminó, Julián permaneció sentado.

—¿Vas a quedarte con la empresa?

—Lumbre seguirá siendo accionista.

—Sabes a qué me refiero.

—No voy a ocupar tu puesto.

Eso lo desconcertó.

—¿Entonces para qué hiciste todo esto?

—Porque nunca se trató de sentarme en tu silla.

Recogí mis documentos.

—Se trataba de impedir que siguieras usando una