había fotógrafos.
No había vestidos de diseñador.
Solo una reunión con empleados, proveedores e inversionistas para presentar los nuevos controles internos.
Llevaba pantalón de lino, zapatos bajos y una blusa blanca.
La misma clase de ropa sencilla que Julián había considerado una vergüenza.
Al terminar, una joven analista se me acercó.
—¿Puedo preguntarle algo?
—Claro.
—¿Por qué nunca dijo públicamente que Lumbre era suya?
Pensé unos segundos.
—Porque durante mucho tiempo confundí privacidad con desaparecer.
Ella esperó.
—Y también porque creí que no necesitar reconocimiento me hacía más fuerte.
—¿Ya