15 minutos antes de salir hacia el aeropuerto, mi hija de 6 años se aferró a mí y susurró: —Cuando viajas, Marta pone gotas en mi jugo y después me graba. Miré hacia la cocina. Marta estaba allí, sonriendo, todavía con el vaso en la mano. Fingí que me iba, cancelé el vuelo y volví por mi hija. Pero la copia de seguridad de una cámara reveló que ella nunca había sido el verdadero objetivo.

Marta me envió decenas de mensajes.

Primero cariñosos.

Luego indignados.

Finalmente desesperados.

Daniel, regresa a casa.

Estás dejando que tu dolor destruya nuestro matrimonio.

Lucía necesita ayuda y tú te niegas a verlo.

Y después llegó el mensaje que terminó de hundirla.

Julián solo intentaba ayudarnos a proteger el futuro de Lucía.

Le mostré la pantalla a Adriana.

—Yo jamás le dije que sabía de Julián.

Ella hizo una captura.

—Ahora sí lo sabe.

3 días después, Marta recibió una orden que le impedía acercarse a Lucía y entrar a