nuestra casa.
Acepté verla una última vez en el despacho de Adriana, acompañados por abogados.
Marta llegó sin maquillaje, con ojeras profundas.
Se sentó frente a mí.
—No puedo creer que estés haciendo esto.
No respondí.
—Lucía tiene problemas graves. Tú nunca estás. Yo era quien mantenía esa casa funcionando.
La dejé terminar.
—Vi los respaldos.
Su rostro cambió.
Solo durante un segundo.
Pero lo vi.
—¿Qué respaldos?
—Todos.
Marta miró a Adriana.
—Daniel, estás confundido.
—También vi tu videollamada con Julián.
—Julián y yo trabajamos juntos hace años. Nunca