por qué estaba reduciendo voluntariamente mi propio poder.
—Porque algún día Lucía debe recibir exactamente lo que su mamá quiso dejarle.
6 meses después regresamos a Punta Mita.
Abrí las ventanas de la casa y el aire del Pacífico recorrió las habitaciones cerradas.
Lucía salió corriendo hacia la terraza.
Teresa comenzó a desempacar comida en la cocina.
Yo encontré un viejo cuaderno de Elena dentro de un mueble.
Minutos después Lucía regresó sosteniendo una fotografía.
En ella aparecíamos Elena y yo sentados en aquella misma terraza muchos años atrás.
—Mamá