cada puerta.
Significaba construir una vida donde ella pudiera volver a ser una niña.
Antes de dormir dejó su vieja mochila azul junto a la puerta de su habitación.
—Todavía usas esa mochila.
—Sí.
—Podemos comprarte otra.
Negó con la cabeza.
—Quiero esta.
Me disponía a apagar la luz cuando añadió:
—Es la mochila que agarré cuando regresaste por mí.
Me quedé quieto.
Lucía se acomodó entre las sábanas.
—Yo sabía que ibas a regresar.
Cerré la puerta y salí a la terraza.Puertas y ventanas
Durante meses pensé que