15 minutos antes de salir hacia el aeropuerto, mi hija de 6 años se aferró a mí y susurró: —Cuando viajas, Marta pone gotas en mi jugo y después me graba. Miré hacia la cocina. Marta estaba allí, sonriendo, todavía con el vaso en la mano. Fingí que me iba, cancelé el vuelo y volví por mi hija. Pero la copia de seguridad de una cámara reveló que ella nunca había sido el verdadero objetivo.

aquella historia trataba de una casa de 120 millones de pesos, un fideicomiso y 2 personas que habían entrado en nuestras vidas buscando dinero.

Pero no.

Todo había empezado con una niña de 6 años abrazando a su padre junto a una puerta.

—Papá, no te vayas hoy.

Y todo cambió porque aquella mañana decidí escucharla.