15 minutos antes de salir hacia el aeropuerto, mi hija de 6 años se aferró a mí y susurró: —Cuando viajas, Marta pone gotas en mi jugo y después me graba. Miré hacia la cocina. Marta estaba allí, sonriendo, todavía con el vaso en la mano. Fingí que me iba, cancelé el vuelo y volví por mi hija. Pero la copia de seguridad de una cámara reveló que ella nunca había sido el verdadero objetivo.

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—Dice que un día tú vas a entender que yo necesito vivir en otro lugar.

Sentí frío.

—¿En dónde?

—No sé. Dice que cuando veas los videos vas a creer que estoy enferma.

Tuve que apretar los dientes para no entrar a la cocina en ese momento.

Entonces Lucía añadió algo peor.

—También habla con Julián.

—¿Quién es Julián?

—El señor que viene cuando tú viajas.

Mi respiración se detuvo.

—¿Qué hacen?

—Hablan de la casa de mamá.

No necesitaba preguntarle cuál.

Elena había heredado