15 minutos antes de salir hacia el aeropuerto, mi hija de 6 años se aferró a mí y susurró: —Cuando viajas, Marta pone gotas en mi jugo y después me graba. Miré hacia la cocina. Marta estaba allí, sonriendo, todavía con el vaso en la mano. Fingí que me iba, cancelé el vuelo y volví por mi hija. Pero la copia de seguridad de una cámara reveló que ella nunca había sido el verdadero objetivo.

de su familia una residencia frente al mar en Punta Mita, Nayarit. Después de su muerte, la propiedad quedó dentro de un fideicomiso testamentario cuya principal beneficiaria era Lucía.Familia

Yo únicamente administraría los activos hasta que ella cumpliera la mayoría de edad.
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La propiedad estaba valuada en más de 120 millones de pesos.

—¿Qué dicen de esa casa?

Lucía frunció el ceño, intentando recordar.

—Julián dijo que faltaban 2 videos buenos.

—¿Buenos?

—Buenos para ellos. Malos para mí.

En ese momento Marta