salió de la cocina con una taza entre las manos.
Sonreía.
—Parece que alguien no quiere dejar ir a papá.
Me puse de pie.
Besé a Lucía en la frente.
Después besé a Marta en la mejilla.
—Te llamo cuando aterrice.
Tomé mi maleta y salí.
El coche avanzó apenas 3 calles.
—Deténgase aquí, por favor.
El conductor me miró por el espejo.
—¿Aquí, señor?
—Sí.
Cancelé el vuelo.
Luego llamé a una persona que no veía desde hacía casi 2 años.
Rodrigo había instalado las cámaras de seguridad de