daba derecho a conocerlos.
—Soy su abuela.
—Biológicamente —le respondí.
La palabra le dolió.
Era la misma que Elena había usado conmigo.
—Lo demás tendrás que ganártelo.
Cuando finalmente Elena permitió que Beatriz los conociera, no hubo abrazos.
Leo preguntó:
—¿Por qué tardaste tanto?
Mi madre abrió la boca.
Por primera vez decidió no inventar una explicación.
—Porque hice algo muy malo.
Clara preguntó:
—¿Lo arreglaste?
Beatriz miró hacia mí.
—Estoy intentando.
El doctor Vargas terminó reconociendo formalmente haber compartido información médica privada y enfrentó las consecuencias profesionales.
Elena guardó