me dijiste nada?
Elena soltó una risa seca.
—Lo intenté.
—Nunca recibí una llamada.
—Llamé 2 veces a tu despacho.
Sentí frío.
—Eso no es cierto.
—También fui a la casa de tu madre en Las Lomas cuando apenas podía dejar de vomitar por las mañanas.
Elena abrió la puerta del automóvil que acababa de detenerse frente a nosotros.
Antes de subir, me miró directamente.
—Le entregué un sobre cerrado. Tenía tu nombre escrito al frente. Adentro había una carta y el primer ultrasonido.
No pude moverme.
—Mi madre nunca