revisión.
Sentí que se me helaban las manos.
—¿De cuánto estamos hablando? —preguntó Paula.
—22 millones de pesos.
Tuve que taparme la boca.
Óscar estaba intentando salvar su empresa usando mi casa como garantía.
Y mi esposo estaba ayudándolo.
Entonces escuché a Mauricio.
—En cuanto Lucía aterrice, voy a decirle que hubo un problema de seguridad con las cuentas. Para cuando vuelva, todo estará firmado.
Beatriz soltó una risita.
—Después de tantos años viviendo en esta casa, algo debería corresponderte.
Saqué mi teléfono.
Abrí la grabadora.
Y presioné el botón