sentiría satisfacción.
No ocurrió.
Solo sentí tristeza.
—Te amé tanto que empecé a hacerme pequeña para no lastimar tu orgullo.
Rodrigo bajó la mirada.
—Dejé de hablar de mis logros. Permití que otros pensaran que tú habías conseguido solo cosas que yo ayudé a construir. Me convencí de que guardar silencio era lo mismo que apoyarte.
Respiré.
—Ese fue mi error.
Levantó los ojos.
—¿Y el mío?
—Confundir mi silencio con falta de valor.
Empujé el cochecito hacia las escaleras del juzgado.
Por primera vez comprendí que no había ganado