reí.
Antes de que pudiera responder, escuché pasos detrás de mí.
Mi suegra, Patricia, apareció en el pasillo.
Llevaba casi 1 mes instalada en nuestra casa porque, según ella, quería ayudarme después del parto.
Cuando comenzaron mis contracciones, me dijo que estaba exagerando y que pidiera un taxi.
Ahora observó a Fernanda usando mi bata y no mostró ninguna sorpresa.
Ahí comprendí que ya lo sabía.
—Baja con la niña —dijo Patricia—. Rodrigo tiene demasiada presión con la empresa.
La miré.
—Estuve sola cuando me llevaron a cirugía.
Patricia levantó