Una madre soltera llegó agotada a un hotel cargando a su hija de 6 años dormida. El recepcionista miró su ropa y le dijo: —Quizá debería buscar un hotel más barato. Ella no discutió. Solo pidió hablar con el gerente. Minutos después, cuando descubrieron que el hotel era suyo, ya era demasiado tarde.

conversación.

—Lupita.

Ella señaló su pecho.

—¿Yo?

—Sí. Venga, por favor.

Se acercó lentamente.

—¿Hice algo mal?

—Todo lo contrario.

Vi cómo Bruno cerraba los ojos.

—Arturo, ¿cuánto tiempo lleva Lupita trabajando aquí?

Él buscó información rápidamente en su teléfono.

—16 años.

La miré sorprendida.

—¿16 años?

Lupita bajó la cabeza.

—Sí, señora.

—¿Cuántas veces ha solicitado un puesto en atención al huésped?

Ella dudó.

—No importa.

—A mí sí me importa.

Arturo revisó nuevamente.

Su rostro cambió.

—4 veces.

Sentí un frío desagradable en el estómago.

—¿Y qué pasó?