Un granjero sordo se casa con una chica obesa por una apuesta; lo que ella le sacó del oído a su esposo dejó a todos atónitos.myyha/?

Nada más.

Ni cortejo. Ni preguntas. Ni una sola muestra de ilusión.

La ceremonia duró menos de diez minutos. El padre Ignacio pronunció las palabras como quien cumple con una obligación incómoda. Clara repitió los votos con una voz que no sentía suya. Elías se limitó a asentir cuando fue necesario. Cuando llegó el momento del beso, apenas rozó la mejilla de ella con los labios y se apartó enseguida.

No parecía feliz.

Tampoco parecía cruel.

Eso, por extraño que fuera, dejó a Clara aún más descolocada.

El viaje al