al elevador miré una última vez a Lupita.
—Mañana desayune con nosotras.
Se llevó una mano al pecho.
—¿Yo?
—Sí.
—Pero señora…
—A las 9.
Lucía levantó 2 dedos somnolientos.
—Quiero hot cakes.
Lupita rio entre lágrimas.
—Entonces hot cakes.
Las puertas del elevador se cerraron.
Cuando llegamos a la suite, acosté a Lucía sin quitarle siquiera los calcetines.
Cayó dormida inmediatamente.
Después coloqué las rosas dentro del florero.
Me quedé frente a ellas durante mucho tiempo.
—Daniel —susurré—, todavía estoy aprendiendo.
Durante 3 años había intentado mantener viva la