Una madre soltera llegó agotada a un hotel cargando a su hija de 6 años dormida. El recepcionista miró su ropa y le dijo: —Quizá debería buscar un hotel más barato. Ella no discutió. Solo pidió hablar con el gerente. Minutos después, cuando descubrieron que el hotel era suyo, ya era demasiado tarde.

empresa que construimos juntos.

Había pensado que proteger su legado significaba cuidar los hoteles, los contratos, las cuentas y los empleos.

Esa noche entendí que estaba equivocada.

Su verdadero legado nunca había estado en los edificios.

Estaba en la forma en que una persona trataba a otra cuando pensaba que nadie importante estaba observando.

A la mañana siguiente, Lucía estaba sentada frente a una montaña de hot cakes cuando tocaron la puerta.

Era Lupita.

Ya no llevaba el uniforme de limpieza.

Arturo había conseguido para ella un blazer azul marino