empresa que construimos juntos.
Había pensado que proteger su legado significaba cuidar los hoteles, los contratos, las cuentas y los empleos.
Esa noche entendí que estaba equivocada.
Su verdadero legado nunca había estado en los edificios.
Estaba en la forma en que una persona trataba a otra cuando pensaba que nadie importante estaba observando.
A la mañana siguiente, Lucía estaba sentada frente a una montaña de hot cakes cuando tocaron la puerta.
Era Lupita.
Ya no llevaba el uniforme de limpieza.
Arturo había conseguido para ella un blazer azul marino