oportunidad para disculparme.
—Hágalo.
Me miró.
—Lo siento, señora Vázquez.
Negué ligeramente.
—No conmigo.
Se quedó confundido.
Señalé hacia la puerta principal.
—Discúlpese con la próxima persona que entre usando ropa barata.
Con la próxima madre cansada.
Con el próximo anciano que tarde demasiado en sacar su identificación.
Con la próxima persona que no parezca capaz de pagar una suite.
Y demuéstrelo aunque nadie importante esté mirando.
Sebastián asintió con los ojos húmedos.
Tomé la tarjeta de la suite.
—Ahora sí.
Arturo tomó mi mochila.
—Las acompaño.
Antes de entrar