frente al mostrador podía enseñarme cómo trataban nuestros empleados a alguien que aparentemente no tenía poder.
—Quiero hablar con el gerente general —dije.
Sebastián levantó la vista.
—Está ocupado con la gala.
—Puede decirle que Clara Vázquez quiere verlo.
Bruno sonrió.
—No vamos a interrumpir al gerente porque usted no encuentra su reservación.
Antes de que pudiera responder, una mujer de unos 55 años salió de una puerta lateral cargando toallas blancas.
Llevaba uniforme del personal de limpieza.
Su gafete decía Lupita.
Miró a Lucía.
Miró las rosas dobladas.
Luego