inquebrantables cimientos que lucharon con tanta desesperación por construir de las cenizas de la traición.
Ha pasado exactamente un año.
El brillante y cálido sol de la mañana entra a raudales por los enormes ventanales que van del suelo al techo del extenso y altamente vigilado complejo familiar de los Sterling, proyectando largas y apacibles sombras sobre los cuidados jardines.
Estoy sentada en la amplia terraza de piedra, tomando una taza de café caliente de tueste oscuro.
Tengo treinta y cinco años y me va de maravilla. Ya no soy