colocaron 2 tornillos de titanio.
Marqué al detective.
—Revise el tobillo derecho del cadáver.
30 minutos después llamó.
—No hay ningún tornillo.
Me senté.
La verdad apareció completa.
El muerto era Nicolás.
El hombre que había confesado llamarse Nicolás era realmente Sebastián.
Mi esposo seguía vivo.
Y estaba intentando desaparecer usando la identidad limpia de su hermano muerto.
La policía me ordenó no confrontarlo.
Preparé una maleta.
Iba a irme a casa de mi hermana cuando escuché 3 golpes en la puerta.
Miré por la mirilla.
Era él.
Sebastián levantó