hacer conmigo?
No contestó.
Eso fue suficiente.
—Necesitabas otro cadáver.
—Renata…
—Compraste gasolina, plástico industrial y cuerdas.
—No entiendes.
—Entiendo perfectamente.
Me temblaban las manos.
—Primero Nicolás. Después yo.
—Jamás habría permitido que te pasara nada si hubieras hecho lo que necesitaba.
Lo miré.
El hombre frente a mí tenía la misma cara que aquel joven con quien me había casado.
Pero ya no reconocía nada detrás de ella.
—¿Quién estuvo conmigo en nuestro aniversario?
Sebastián apretó la mandíbula.
—Yo cené contigo.
—Después.
No respondió.
—¿Quién durmió conmigo?
Desvió la