A las 3:17 de la madrugada, la policía me llamó para decirme que mi esposo había muerto en un accidente. Miré a mi lado y vi que mi esposo estaba acostado a solo unos 30 centímetros de mí. Entonces el oficial dijo algo que me heló la sangre. —El muerto llevaba el anillo de bodas de su esposo, su teléfono, su cartera… e incluso tenía exactamente la misma cicatriz que él. Volví a mirar al hombre que estaba acostado en mi cama. Por primera vez en 9 años, no sabía quién era realmente el hombre que dormía a mi lado.

hacer conmigo?

No contestó.

Eso fue suficiente.

—Necesitabas otro cadáver.

—Renata…

—Compraste gasolina, plástico industrial y cuerdas.

—No entiendes.

—Entiendo perfectamente.

Me temblaban las manos.

—Primero Nicolás. Después yo.

—Jamás habría permitido que te pasara nada si hubieras hecho lo que necesitaba.

Lo miré.

El hombre frente a mí tenía la misma cara que aquel joven con quien me había casado.

Pero ya no reconocía nada detrás de ella.

—¿Quién estuvo conmigo en nuestro aniversario?

Sebastián apretó la mandíbula.

—Yo cené contigo.

—Después.

No respondió.

—¿Quién durmió conmigo?

Desvió la