a otro hombre dentro de mi casa. Estudió cómo hablo, cómo camino y qué recuerdos son importantes para mí. Ni siquiera sabía quién estaba tumbado a mi lado cuando apagaba la luz.
—¡Nicholas nunca te tocó de forma inapropiada!
—¿Y crees que eso lo hace aceptable? —sollozé—. ¡Me siguió durante once meses! ¡Hizo cientos de fotos mías durmiendo, trabajando y saliendo de la ducha! ¿Sabes por qué?
Christopher permaneció callado mirando los cristales rotos del suelo.
—Porque me estaba utilizando como manual de instrucciones para aprender a ser tú.
—Siempre