En el funeral de mi hija de 6 años, escuché un susurro desde su ataúd blanco: —Mamá, no dejes que papá me vuelva a dormir. Levanté la tapa y la encontré viva, amarrada y con marcas de agujas en los brazos. Entonces mi suegra gritó: —¡Cierren ese ataúd! La cremación empieza en 20 minutos.

podría volver a controlar el dinero sin supervisión independiente.

Parte de los recursos quedó reservada para la terapia y educación de Sofía.

Otra parte financió un programa de apoyo jurídico y psicológico para niños atrapados en disputas familiares donde existieran denuncias de violencia o manipulación.

Una tarde de diciembre llevé a Sofía al Bosque Los Colomos.

Corrió entre los árboles.

Se ensució los tenis.

Pidió un chocolate caliente.

Se cayó.

Se levantó riéndose.

Yo la observaba desde una banca cuando mi padre se sentó junto a mí.

—Creí que el