iba a cenar en casa.
La madre de Mauricio frunció el ceño.
Mi padre dejó su copa sobre la mesa.
–Mauricio pensó que había terminado nuestra llamada.
Él palideció.
No necesité decir nada más para saber que había entendido.
–Valeria…
Levanté una mano.
–Déjame terminar.
Nadie se movió.
–Escuché a una mujer.
Mauricio bajó la mirada.
–Escuché a mi esposo decir que estaba harto de mí. Escuché cómo se burlaba porque yo le mandaba fotos de nuestra hija. Escuché que quería que dejara mi trabajo para depender económicamente de él.