que pudiera borrar tinta.
–Podría explicar cada cosa –murmuró.
–Hazlo.
Silencio.
–El hotel en Providencia.
Puse un recibo.
–El departamento.
Otro documento.
–La empresa.
Otro.
–Los 680,000 pesos.
Finalmente coloqué la última hoja.
La alerta bancaria de las 5:42.
–Y también puedes explicar por qué intentaste transferir el dinero esta tarde.
La madre de Mauricio llevó una mano al pecho.
Él levantó la cabeza de golpe.
–¿Bloqueaste nuestras cuentas?
–No.
Lo miré directamente.
–Protegí las autorizaciones que legalmente requieren mi consentimiento.
–Planeaste todo esto a mis espaldas.
Casi