volvió a perder color.
–¿Ya pediste el divorcio?
–Todavía no.
Eso lo sorprendió aún más.
–No voy a decidir el resto de mi vida durante una cena.
Cerré la carpeta.
–Pero esta noche Renata y yo nos vamos.
Mi madre ya sabía que podía quedarme con ellos.
Habíamos preparado una maleta para Renata y otra para mí.
Mauricio me siguió hasta la habitación.
–Valeria, espera.
Seguí guardando los últimos pañales.
–La amo.
Me detuve.
–Entonces algún día tendrás que explicarme por qué intentaste quitarle seguridad económica a su madre mientras