pensé que podía ser alguien de su oficina.
Luego Mauricio habló.
–Ya no la soporto.
Sentí que algo frío me recorría la espalda.
La mujer dijo algo que no alcancé a entender.
Mauricio volvió a reír.
–Todo el día manda fotos de la niña. Que si Renata sonrió. Que si Renata durmió. Que si ya tomó leche. Parece que no tiene otra cosa que hacer.
Miré hacia el moisés.
Mi hija dormía con una mano diminuta junto al rostro.
Aquella misma mañana le había enviado a Mauricio una fotografía de