sentí satisfacción.
Solo pensé que casi había destruido mi estabilidad por una relación que ni siquiera sobrevivió a las consecuencias.
Una mañana, mientras tomaba café antes de despertar a Renata, hice una lista.
Comprar fórmula.
Llevar el coche al servicio.
Terminar una presentación.
Confirmar cita con la pediatra.
Pagar el seguro.
Miré la hoja.
Durante meses todas mis listas habían estado llenas de cosas para otras personas.
Mauricio.
Renata.
La casa.
La familia.
Tomé la pluma.
Al final escribí 3 palabras.
Algo para mí.
Me quedé observándolas.
Parecían ridículamente pequeñas.